Rebecca Wasser.
La luna se alzó tentadora,
y las campanas se agitaron
haciendo vibrar todos los órganos.
El órgano bombeante,
como loco
comenzó su expedición más salvaje
y fue entonces
cuando una luz tan pura y brillante
como perla
penetró en la sonrisa de un viandante.
Aquella ,
otra energía fluvial más
enlazó su pupila
con aquel rayo
y una explosión se hizo eco.
Al despertar,
en la mañana más estable
donde la virazón acariciaba los
cuerpos desnudos
los ojos se abrieron
y por fin se vieron el alma.
Se palparon el pecho
y zumos de melocotón
les inundaba el estómago
pero ella sabia
que no había un sabor y un olor tan
dulce
que el de su propia piel.
La piel del otro
se disolvió entre el aire
y el calor de la mañana,
creando una atmósfera
de pura ambrosía
le llevó al sueño,
convertido en poema.
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