BATALLA
No
hay nada que ver, tan solo el suspiro de lo que un día fue el viento,
tan solo lo que un día fuimos. Corremos cegados a la tragedia
inmediata, cabalgamos a manos de la inundación, del miedo a perder
nuestra propia existencia. No somos mas que carne, carne compuesta
que acabará en la tierra. Esa tierra de paso, que caerá cuando
agachemos la cabeza y dejemos de mirar a lo simple, a lo mas visible.
Yacerá de pronto el fulgor en nuestras pupilas, forzaremos el tono
melodioso con un sin fin de palabras, que acabará en saliva. El
mimbre nos recompondrá y de nuevo estaremos sin estar, estaremos más
que nunca con nuestro alter ego, sin consciencia de lo externo ,
hasta que caigamos en un río tan gélido como piedra. Entonces la
herramienta será la recarga del alma en guerra. Despertamos para
palpar las partículas diminutas , hasta las del polvo y el primer
guiño del día va hacia la pared no tan banal. Esa pared que resucita
nuestra intimidad en la construcción aglomerada, son los esqueletos
guardianes. ¡Que ataque de pánico si vemos a esos esqueletos
tirar las armas!, y vernos desnudos a ojos del resto. Pero que
vulnerables, que vulnerables somos cuando estamos cegados, con los ojos entreabiertos e incluso cuando la vitalidad es tal que nos carcome por dentro.
Todos al campo.
R. Wasser
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