Y SUS UVAS.
Imagen: Erwin Blumenfeld. Sin título.
A mi, a mi no me tiembla la voz, ¿me oyes?
A
mi no se me quiebran las uñas
no
se me restan los pasos en bandejas astilladas.
Perchas
hechas de huesos
de
cuerpos bulímicos tirados por los restaurantes.
Restaurantes
aristócratas
jaulas
de mármol,
corrompidas
por el que bebe su sangre caliente:
el
vino tinto,
el
de Rioja, el de Jerez, el de su puta uva.
El
de su puto dueño
que
muere ahogado cada día
en
su propia cosecha a manos del sol
y
su aire desinfoxicado,
mientras
huele la tierra macerada que el violó.
¿Me oyes?
A mi aún no se me ha perdido nada.
Rebecca W.

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