OBERTURA DE MIL DEMONIOS
La noche no acompañó, el frío calaba más hondo que de costumbre, y quise taparme, pero no habían mantas, tan sólo aceras, bordillos, calles desiertas sin asfaltar, y pequeños estallidos de luz en los alrededores. El cuerpo se balanceaba, no creí en nadie, no había Dios, nunca hubo un dios. Hastío. Hice resonar a Camille -Saint Saens y te ame.Te ame mientras el viento azotaba, mientras las balanzas caían y los gatos no querían ser vistos. Te amé en la gélida noche. Todo se tornó al instante, desperté y una maraña acolchada me cubría hasta los ojos, estiré el brazo izquierdo a ciegas, toqué carne, toqué cuerpo, toqué hueso. Cuerpo vivo. Me arrastré a ciegas hacia el, buscando la verdad, lo real, lo palpable. Somnolienta y sin visión lo abracé. El cuerpo se relajaba y parecía responder. Todo un balls de sábanas. Entonces una manivela crujió, ni siquiera me importó. Ahí quedé entre el teje maneje de la vida, sin esperar ser encontrada. Lo vi asomarse entre la luz tenue, deslizando su cuerpo por las colchas. Descubrí que la masa energética a la que abrazaba, no era más que el sueño mientras caminaba hacia su casa. No hubo estallido de realidades, tan sólo se fundió tan natural como el beso o el abrazo.
-La paz y la guerra hicieron un pacto y cargaron armas.-
Repito
SOSIEGOSOSIEGOSOSIEGOSOSIEGOSOSIEGOSOSIEGOSOCIEGOMEQUEDOCIEGO SOSIEGO.
Rebecca W.
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