Verano al desnudo
Rebecca Perona.
Rebecca Perona.
El
viento sopla con vergüenza. No es ni invierno, ni primavera, es verano. Los congeladores
de carne se descongelan, y todos salen. Salen de cabeza, y caen esparcidos por
el suelo. El congelador esta pariendo, sin dolor alguno, solo abre sus puertas
y la masa sale. Sale dormida, luego eufórica, como si se acabara el mundo que
aun desconocen. Como si el congelador fuera a cerrar sus puertas y sólo quedasen
unos pocos fuera y el resto inertes al todo, dentro, casi pudriéndose. Esos cuerpos saben que estarán
fuera por unos meses. Pudiendo ser esos meses o cortos y muy intensos o largos
y muy aburridos. Salen ansiosos, con ganas de comerse el mundo, es por eso, no
es por otra cosa. Son ansias de vivir, de vivir con mayúsculas ¡más que
suficiente!. Es verano y el viento sopla con vergüenza, ya casi no se atreve, el
sol le mira de reojo dispuesto a fulminarlo. Los cuerpos salen desnudos y frescos,
ya nada parece importar, porque están despertando. Y como una enfermedad se mueven por las calles, contagiando su febril deseo de conquistar el mundo, cuando es el mundo el que les tiene conquistados.
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