domingo, 13 de enero de 2013

A J. RAMOS
Rebecca Perona

No recuerdo en que momento quedaste como un simple reflejo, mi gran arma, mi gran anhelo. En que momento empezaron las batallas, ni siquiera ganamos ninguna de ellas, éramos tan jóvenes.

El amor le pudo al sexo,
a ese sexo sin nombre,
ese sexo en las últimas,
tú, olor a tempestad.

Miembro viril
que se adentra para no salir jamás
a sabiendas de que le espera un doloroso
y placentero final.

La pasión lo cubrió todo,
las esperanzas se torcieron.
Tú que piensas pasar desapercibido,
como una ráfaga de aire
sin provocar ni una alteración en el entorno.

Yo que lo sé, pendiente de ello,
susurro el adiós
que nos unió una y otra vez.
Se zanjaron los asuntos,
 todo pareció olvidarse.

Te di la espalda
sin esperar el punteo de tus dedos.
Morimos tantas veces...
y resucitamos entre la indiferencia,
aquella que por fin,
no nos ha costado el corazón.

Reflejo fugaz e intenso,
como lo fue nuestro amor,
ese, que un día decidimos olvidar.
Y sin tapujos, después de casi dos año y algo más,
no recuerdo,
pues tengo tendencia a olvidar.

Escribo lo que un día fue
amor puro y feroz
mi primer encuentro de juventud
con el " ni contigo ni sin ti".
contigo

Nos dejamos querer
en el sueño de terciopelo,
bajo el mantel jovial,
del recuerdo desnudo.





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