EL DESTIERRO Y LA AMADA
Rebecca Perona
Quiere ser desterrado,
quiere morir en los brazos de una virgen,
de una iluminada
¡pureza que resplandece!.
Fuera de encantos sexuales,
torpezas que esconde el acto,
la cama infectada
tose polvo, anhelos y ¡contagia!.
Que de amores nos vestimos
y de sombras nos hidratamos,
en las noches donde no hay ni un mísero tuerto,
ni prisas por encontrarlo.
Ellos que piden a los dioses
ser escuchados, ser recibidos y ser amados,
son comprometidos y están agotados,
no desisten más en el superfluo destello de Febo.
Buscan la luna, aya a donde vaya,
les recuerda a la virgen,
toda violada, follada
fue una noche y ¡no recuerda nada!.
Despojos y desechos,
lujuria innata,
las miradas le siguen,
el ansioso las excita, con cautela,
ella observa.
¡Adiós! cuerpo desnudo,
¡adiós! tierra insonora,
¡adiós al hombre muerto!
que dios no tiene en cuenta.
Y querrán seguir buscando la pureza
y querrán andar sobre paisajes desnudos,
y seguirán decapitando armas sexuales
¡al fuego he dicho!.
¡Adiós! cuerpo desnudo,
trasparente como el cristal,
como una copa de vino.
¡adiós! tierra insonora,
muda cual asesino.
¡Adiós al hombre muerto!
¡muerto y desterrado!
que dios...¡ay dios!
que dios no tiene en cuenta.
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