lunes, 3 de septiembre de 2012

LA DEL SUPERMERCADO ME MIRÓ MAL CUANDO FUI A COMPRAR BOLÍGRAFOS.
Rebecca Perona

No intentes parar el tiempo,
no consumas mi espíritu,
pues eso es lo que me hace grande.

El mundo certero es una ilusión,
no abras el corazón que no tienes para mi.

Emisiones de hidrógeno 
convulsionan tu corazón,
que no se haga lo mismo con el mio,
no desaparezcas.

El sol hace tiempo que dejó a la tierra,
del lado donde me sitúo,
aun así, las espirales me persiguen.

Y en mi día estás,
ondulaciones que no traspasan dónde estoy yo,
más solo puedes cambiarlo,
subestimando lo que pasa por mi cabeza,
a veces, distorsionado.

Te quedaste entre tipografías,
no me culpes por ello,
pues se trata de tiempo,
ese que no buscamos y tenemos.

Quizás deberías dejar de ocupar mis ojos,
mi tierra,
y mi cielo.

Ni el destino, ni la casualidad,
ni siquiera estaba escrito,
ni caminos diferentes, 
nada.

No se nada, 
salvo que un día te vi, 
y quise quedarme en algún rincón de tu cabeza,
próximo al corazón.

El viento empuja con fuerza,
y obliga al mundo entero,
incluso a las mentes pensantes
a esconderse.

Aun queda un poco de luz,
y los grillos revolucionados
gritan sin cesar,
también me echan.

Poco a poco,
para no retroceder,
uno mas al que olvidar,
que no salten las lágrimas.

No intentes parar el tiempo,
el poco que queda,
no consumas mi espíritu,
pues es lo que me hace única.

Lléname de tierra, de esa que no se pisa,
de habitaciones sin mirilla,
y rompe todos los espejos 
que nos hacen pequeños.

Y de nuevo la cuenta atrás se paró,
uno más que intentó escaparse de mi cabeza,
para no volver,
para reír,
para quedarme en stand-by.

¡Eso nunca!, ¡Tú y solo tú!
mundo repugnante,
que desecha amor por todas partes,
todos los días
a todas horas.



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